Coincido con lo que te ha comentado @davidpm. Al igual que él, yo viví esta tragedia y dilema como hija y con el estigma en mi caso de la causa de fallecimiento, pues mi madre se suicidó cuando quedaba un mes y poco para mi 15 cumpleaños. Como yo soy la pequeña, mis hermanos ya no tenían derecho a la pensión de orfandad (en ese momento casi me doblaban la edad). Aunque “pequeña”, siempre he sido muy reflexiva y madura para mi edad y esa pensión me generó rechazo desde el primer momento, incluso me pensé rechazarla muchas veces a lo largo de varios años. Yo sentía que no tenía derecho a ese dinero por muchos motivos, porque era lo que se había currado mi madre y no yo; porque mis hermanos habiendo vivido la misma desgracia y sin tener todavía una estabilidad en su vida no tenían el mismo derecho por la edad; porque mi padre era médico y al fin y al cabo no teníamos estrecheces, nunca fuimos familia derrochadora pero tampoco vivíamos mal, y creía que habría personas o familias que debían poder acceder a ese dinero público antes que yo; porque mi madre no había muerto por una causa natural, ni un accidente, ni una enfermedad, sino que había “decidido” morir y eso abre muchos dilemas mentales. Y porque, al fin y al cabo, se ha muerto tu madre y no quieres que te compensen esa pérdida con dinero.
Entiendo perfectamente a @davidpm al decir esto porque es una situación que yo misma he vivido varias veces.
Con el tiempo -porque irónicamente si hay algo que te da la muerte es tiempo, tiempo para pensar y reflexionar- piensas y reflexionas. Piensas que la pensión de viudedad/orfandad se instauró con un fin social, especialmente pensado para las viudas porque por lo general los hogares se mantenían con el único sueldo del marido y ese dinero del Estado evitaba llevar a la pobreza a familias enteras. Piensas que en amplio porcentaje ese tipo de pensiones ya no tienen sentido porque 1) por lo general trabajan ambos miembros de la pareja y no sólo uno y 2) que sólo en un reducido porcentaje de familias de bajos salarios la perdida de uno de esos dos sueldos va a suponer una situación de necesidad. Te das cuenta que el Estado no legisla para que se otorgue ese tipo de pensiones solo en ese caso de situaciones de real necesidad. Sabes que, si bien esa pensión no es imprescindible para el día a día de la familia, si tu madre hubiera estado viva y siendo una familia ahorradora como éramos, seguramente hubieran guardado esa cantidad o mayor mensualmente de cara a pagar la carrera, máster y lo que hubiera hecho falta para mí formación y, sin embargo, mi padre contaria con ese sueldo menos para esa perspectiva futura en caso de no tener la pensión. Caes en la cuenta de que la persona fallecida ha cotizado durante más de 30 años y que hubiera tenido el mismo derecho que el resto (de los de su generación) a percibir una pensión si hubiera llegado a jubilarse y nadie se hubiera planteado ningún dilema ético de si se merecia o no percibir su pensión de jubilación. Con el tiempo conoces otros casos de huérfanos y ves que no tienen ningún dilema moral, que despilfarran a gusto lo que reciben, que piensan que eso va a ser eterno y tampoco se preocupan ni por formarse ni por trabajar, mientras que tú sientes ese dinero como una responsabilidad que estás adquiriendo públicamente con todos tus compatriotas que contribuyen a las arcas públicas y privadamente con la persona que ha trabajado ganando el derecho de esa pensión. El peso de esa responsabilidad es tan grande que hasta te mueve a que, ya que lo recibes, a formarte e informarte porque sientes que eso tiene que circular, crecer, hacerse mayor y no estar encerrado en una cuenta corriente tuya…
En definitiva, terminas por darte cuenta que has sido tonta por sentirte que tenías algo que no merecías cuando solo estás recibiendo el mismo trato que todos los que están en tu situación y que en muchos casos ni se plantean todo esto. Que no tienes que excusarte ni justificarte, mientras hagas las cosas correctamente, como persona, como ciudadano y con ese dinero hagas el uso correcto.
@Joselu_c, creo que después de todo este rollo entenderás que entiendo muy bien a qué te refieres cuando dices que supone una losa el dinero que recibes derivado del esfuerzo de otra persona. Yo lo sentía igual, una losa mensual. Pero esa losa ha facilitado que me pueda dedicar a la Ciencia porque es mi mecenas. Yo ya sabía por mi hermana que los salarios eran malos, los horarios también etc, y lo escogí con pleno conocimiento porque era y es a lo que quiero dedicarme y porque mentalmente cuento con una “ventaja” con respecto a mis compañeros, y es que ellos viven ahora con la losa de ganar insuficiente como para poder independizarse y progresar económicamente, pasar de los 30 y seguir con la misma inestabilidad y salario que con 22, mientras que yo he vivido mi cruz personal antes y ahora las herencias de mis padres sumado a ese dinero ahorrado de los años de pensión me han dado una estabilidad al menos económica que en mi ámbito no es posible y lo veo como mi mecenazgo para vivir de la ciencia en España.
Pues todo esto te quiero decir @Joselu_c, a ti y a todos los que estén pasando por esto. Que no es dinero inmerecido sino lo mismo que reciben todos en tu situación, que es dinero trabajado por tu mujer, que aunque no imprescindible ayuda a mantener unas condiciones (económicas) parecida a la que había cuando esa persona seguía contigo. Y que si ese dinero sirve como mecenas para que puedas dejar de trabajar y dedicarle el tiempo a tus dos hijos, seguro que a ella le alegra y quién te va a venir a ti a decir que eso es inmoral. Te pregunto, ¿No crees que hubiera sido posible que si ella estuviera viva y trabajando, uno de los dos en algún momento pudiera haber dejado sus trabajos una vez alcanzado esa IF teórica familiar?
Ahora, ojo, el tiempo libre es muy traicionero, mide bien cuánto te aporta y te quita el trabajo porque nos ayuda a mantener la cabeza ocupada un mínimo número de horas al día, lo cuál en determinados circunstancias es mejor que peor. Reflexiona a qué vas a dedicar ese tiempo y también hay muchas otras cuestiones más importantes para plantearse, por ejemplo si para tus hijos es importante tener un referente de la importancia del trabajo y un hábito diario para que ellos lo asimilen también como importante para llevarlo a su vida. O, por el contrario, si tienes un trabajo muy demandante que te quita tiempo de estar con ellos, a lo mejor es más relevante disponer de más tiempo del que dedicarles a ellos y del que dedicarte a ti. ¿Te compensa económica y mentalmente dejarlo ya o esperar algún número de años para tener tu pensión propia asegurada? Esas preguntas quien mejor las puede responder eres tú.
Nadie quiere ese mecenas, pero ya que lo tienes, no lo desprecies.